Camino de Servidumbre de F. Hayek – Sesión 1
Sesión 1, capítulos I y II 30 de mayo de 2011 | 28:43 Capítulo I: El camino abandonado Capítulo II: La gran utopía Para ver el video: http://newmedia.ufm.edu/gsm/index.php/Guidolibrocaminouno
Camino de Servidumbre de F. Hayek – Sesión 2
Sesión 2, capítulos del III al VI 6 de junio de 2011 | 41:00 Capítulo III: Individualismo y colectivismo Capítulo IV: La “inevitabilidad” de la planificación Capítulo V: Planificación y democracia Capítulo VI: La planificación y el Estado de derecho Para ver el video: http://newmedia.ufm.edu/rojaslibrocaminodos
Caminos de Servidumbre de F. Hayek – Sesión 3
Sesión 3, capítulos VII y VIII 14 de junio de 2011 | 31:04 Capítulo VII: Control económico y totalitarismo Capítulo VIII: ¿Quién, a quién? Para ver el video: http://newmedia.ufm.edu/praunlibrocaminotres
Caminos de Servidumbre de F. Hayek – Sesión 4
Sesión 4, capítulos del IX al XI 20 de junio de 2011 | 20:33 Capítulo IX: Seguridad y libertad Capítulo X: Por qué los peores se colocan a la cabeza Capítulo XI: El final de la verdad Para ver el video: http://newmedia.ufm.edu/gsm/index.php/Trujillolibrocaminocuatro
Caminos de Servidumbre de F. Hayek – Sesión 5
Sesión 5, capítulos XII y XIII 27 de junio de 2011 | 31:10 Capítulo XII: Las raíces socialistas del nazismo Capítulo XIII: Los totalitarios en nuestro seno Para ver el video: http://newmedia.ufm.edu/fernandezlibrocaminocinco

DERECHO, LEGISLACIÓN Y LIBERTAD FRIEDRICH A. VON HAYEK (1899-1992)

Posted By: admin on 4 July, 2013 in Cedice, Destacado, Formación, Ideas para la Libertad - Comments: No Comments »

DERECHO, LEGISLACIÓN Y LIBERTAD
FRIEDRICH A. VON HAYEK (1899-1992)*

* El título de esta entrevista fue elegido por nosotros para esta edición. El vídeo de esta entrevista y su transcripción se distribuye gratuitamente on line en el sitio web http://hayek.ufm.edu/index.php/James_Buchanan gracias al esfuerzo de la Universidad Francisco Marroquín, y al permiso de
Pacific Academy Advanced Studies, quien a su vez nos autorizó a traducirla al español y reproducirla en este libro. Traducida por Nicolás Cachanosky. Revisión técnica de Adrián Ravier.

¿Refutó Milton Friedman a los austriacos?

Posted By: admin on 20 May, 2013 in Destacado, Ideas para la Libertad - Comments: No Comments »

Circula por internet la conveniente leyenda de que Milton Friedman refutó empíricamente la teoría austriaca del ciclo económico al demostrar que no existía relación alguna entre las reducciones de los tipos de interés por parte de la Reserva Federal y las crisis económicas.

Por Juan Ramón Rallo

Krugman no entiende ni a Adam Smith, ni al oro, ni a Bitcoin. Juan Rallo

Posted By: admin on 16 April, 2013 in Cedice, Destacado, Formación, Ideas para la Libertad - Comments: No Comments »

Señala Krugman en una de las últimas anotaciones de su blog que “Adam Smith odia Bitcoin” por cuanto el escocés ya apuntó en La Riqueza de las Naciones que no tenía ningún sentido basar el sistema monetario de un país en el oro y en la plata, pues su producción absorbía recursos reales que podrían haberse destinado a la fabricación de otros bienes y servicios. En concreto, Krugman cita el realmente precioso párrafo de Smith donde compara la circulación del oro y de la plata con una carretera que copa parte de las tierras de un país y a las juiciosas operaciones de la banca con un ferrocarril a través del cielo que, al vaciar de carreteras las tierras del país, permite cultivarlas. Tal comparación le lleva a Krugman a concluir que, para Smith, “el oro y la plata sólo jugaban una función simbólica, siendo mucho más inteligente reemplazarlas por papel moneda”.
Quien quiera saber algo más sobre la teoría monetaria de Adam Smith puede leer mi resumen aquí. De entrada me basta con adelantar la conclusión: o Krugman no ha leído a Adam Smith más allá de ese párrafo, o lo ha leído y no lo ha entendido, o lo ha leído, lo ha entendido y miente.
Primero, cuando Adam Smith habla de “papel moneda” reúne bajo tal nombre dos tipos de “papeles”: los billetes de banco y el papel moneda gubernamental. El escocés toma indudablemente partido por los billetes de banco convertibles a la vista en oro y plata: “A paper money consisting in bank notes, issued by people of undoubted credit, payable upon demand without any condition, and in fact always readily paid as soon as presented, is, in every respect, equal in value to gold and silver money”. Y rechaza sin ambages el papel moneda gubernamental de curso forzoso. Smith cree que el papel moneda inconvertible tenderá a cotizar con descuento frente al oro (“Such a paper money would, no doubt, fall more or less below the value of gold and silver, according as the difficulty or uncertainty of obtaining immediate payment was supposed to be greater or less; or according to the greater or less distance of time at which payment was exigible”) y que, por consiguiente, sería un acto “tiránico” obligar a los ciudadanos a admitirlo como pago por su valor nominal. De ahí, por ejemplo, que Smith celebre que el Parlamento inglés prohibiera a las colonias estadounidenses emitir papel moneda inconvertible de curso legal: “No law, therefore, could be more equitable than the Act of Parliament, so unjustly complained of in the colonies, which declared that no paper currency to be emitted there in time coming should be a legal tender of payment”. El único papel moneda inconvertible que admite Smith es aquel que terminará refluyendo a corto plazo al gobierno en concepto de pago de impuestos.
Para todo lo demás, incluyendo el párrafo que Krugman cita, Smith defiende el papel moneda entendido como billetes de banco convertibles a la vista en oro y plata. Parece, pues, que el oro y la plata sí tienen un rol para Adam Smith que va más allá de la “función simbólica” que menciona Krugman: todo el “papel moneda” del país (salvo la pequeña porción que vaya a pagarse a corto plazo en impuestos) ha de ser convertible en oro o plata por parte de los bancos; ergo, los bancos deberán contar con algunas reservas de oro y de plata (…o Bitcoin) para regular adecuadamente la emisión de sus pasivos: “A banking company, which issues more paper than can be employed in the circulation of the country, and of which the excess is continually returning upon them for payment, ought to increase the quantity of gold and silver, which they keep at all times in their coffers, not only in proportion to this excessive increase of their circulation, but in a much greater proportion”.
Lo que Adam Smith estaba diciendo no es, por tanto, lo que Krugman sugiere tramposamente que decía. El escocés sostenía que el oro era un instrumento demasiado caro y costoso para participar en todos los intercambios, de ahí que conviniese sustituirlo en la circulación por billetes de banco girados contra letras de cambio de primera calidad (“The substitution of paper in the room of gold and silver money, replaces a very expensive instrument of commerce with one much less costly, and sometimes equally convenient”). Su rol dentro del sistema monetario quedaba reservado para aquella función realmente importante: actuar como un liquidador último de las deudas en su función de reserva líquida de valor y como medio internacional de intercambio. Por ambas vías –una fuga interna o externa del oro que los bancos tienen en sus cofres para garantizar la convertibilidad de sus pasivos–, el oro contribuía a una adecuada regulación de las emisiones de billetes de banco: “When this superfluous paper was converted into gold and silver, they could easily find a use for it by sending it abroad; but they could find none while it remained in the shape of paper. There would immediately, therefore, be a run upon the banks to the whole extent of this superfluous paper, and, if they showed any difficulty or backwardness in payment, to a much greater extent; the alarm which this would occasion necessarily increasing the run […] Had every particular banking company always understood and attended to its own particular interest, the circulation never could have been overstocked with paper money. But every particular banking company has not always understood or attended to its own particular interest, and the circulation has frequently been overstocked with paper money”.
De hecho, aunque Smith consideraba que el oro era un medio de cambio muy costoso, aun así defendía que no desapareciera completamente de la circulación. Abnegando parcialmente de su liberalismo, el escocés quería prohibir la emisión de billetes de banco por debajo de cinco libras (pues los tenedores de las mismas solían ser clases populares que no conocían adecuadamente el funcionamiento de los bancos y, por tanto, tendían a permitirles cometer muchísimos más dislates durante mucho más tiempo), forzando a que, en tales casos, fuera la moneda de oro o de plata lo que circulara en exclusiva: “It were better, perhaps, that no bank notes were issued in any part of the kingdom for a smaller sum than five pounds. Paper money would then, probably, confine itself, in every part of the kingdom, to the circulation between the different dealers (…) Where paper money, it is to be observed, is pretty much confined to the circulation between dealers and dealers, as at London, there is always plenty of gold and silver. Where it extends itself to a considerable part of the circulation between dealers and consumers, as in Scotland, and still more in North America, it banishes gold and silver almost entirely from the country; almost all the ordinary transactions of its interior commerce being thus carried on by paper”.
En suma, Smith no consideraba que el oro fuera una bárbara reliquia sin cometido alguno. El escocés distinguía, acaso con alguna confusión terminológica, entre crédito circulante (billetes de banco y letras de cambio convertibles en oro) y dinero (el activo contra el que se amortizan los billetes y las letras), y le asignaba al dinero una función esencial dentro del sistema –regular las emisiones del crédito circulante, sujetándolo a su permanente convertibilidad en dinero– en lugar de una auxiliar –actuar como medio de cambio, donde el crédito circulante podía actuar como un perfecto sustituto en la mayoría de las ocasiones–. El problema de muchos economistas es que definen estrechamente el dinero como medio de cambio… y a los medios de cambio como dinero, olvidando que la inmensa mayoría de las transacciones se efectúan a crédito, siendo el dinero el mecanismo último e insustituible para liquidar ese crédito. Krugman no entiende o no quiere entender la diferencia, de ahí que en su opinión el oro, la plata o (potencialmente) el Bitcoin no sirvan para nada salvo para dilapidar recursos. Es una opinión legítima (aunque errónea), pero al menos que no la confunda torpemente con las mucho más solventes ideas de Adam Smith.

juanramonrallo.com

Entrevista al Dr. Hans-Hermann Hoppe. The Daily Bell

Posted By: admin on 19 February, 2013 in Cedice, Destacado, Formación, Ideas para la Libertad - Comments: No Comments »

Entrevista al Dr. Hans-Hermann Hoppe sobre la inviabilidad de un Gobierno Único Mundial y el fracaso de la Democracia al estilo occidental. The Daily Bell se complace en presentar una entrevista exclusiva con el Dr. Hans-Hermann Hoppe.

Introducción

El Dr. Hans-Hermann Hoppe, nacido en 1949 en Peine, Alemania, estudió filosofía, sociología, economía, historia y estadísticas en la Universidad de Saarland, en Saarbrücken, en la Universidad Johann Wolfgang Goethe, de Francfort am Main, y en la Universidad de Michigan, en Ann Arbor. Recibió su doctorado (Filosofía, 1974, bajo la dirección de Jürgen Habermas) y obtuvo su grado de “habilitación” (Fundamentos de Sociología y Economía, 1981), ambos, en la Universidad Goethe en Frankfurt.

En 1985, Hoppe se trasladó a Nueva York para trabajar con Murray N. Rothbard (1926-1995), el estudiante estadounidense más prominente del economista austriaco Ludwig von Mises (1881-1973). En 1986, Hoppe siguió a Rothbard a la Universidad de Nevada, Las Vegas, donde se desempeñó como profesor de economía hasta su jubilación en 2008. Después de la muerte de Rothbard, Hoppe también sirvió durante muchos años como editor del Quarterly Journal of Austrian Economics y del interdisciplinario Diario de Estudios Libertarios. Hoppe es un miembro distinguido del Instituto Ludwig von Mises, en Auburn, Alabama, y fundador y presidente de la Sociedad “Propiedad y Libertad”. Actualmente vive con su esposa la Dra. Guelcin Imre, su colega economista, en Estambul, Turquía.

Hoppe es el autor de ocho libros – el más conocido de los cuales es La Democracia: el Dios que falló – y más de 150 artículos en libros, revistas académicas y revistas de opinión. Como prominente economista internacional de la Escuela austríaca y filósofo libertario, ha dado conferencias en todo el mundo y sus escritos han sido traducidos a más de veinte idiomas.

En 2006, Hoppe fue galardonado con el Premio a la Trayectoria por la Causa de la Libertad “Gary S. Schlarbaum”, y en 2009 recibió el Premio “Franz Cuhel Memorial” de la Universidad de Economía de Praga. En ocasión de su 60 cumpleaños, en 2009, se publicó un Festschrift en su honor: Jörg Guido Hülsmann y Stephan Kinsella (eds.), “La Sociedad “Propiedad y Libertad”. Ensayos en honor a Hans-Hermann Hoppe”. El sitio web personal de Hoppe es www.HansHoppe.com. Allí, el grueso de sus escritos académicos y populares, así como muchas grabaciones de conferencias públicas están disponibles en formato electrónico.

Daily Bell: Por favor, conteste estas preguntas como si nuestros lectores no estuviesen familiarizados con su gran obra ni con sus opiniones. Vayamos al grano ¿Porqué la democracia es “el Dios que falló?”

El Dr. Hans-Hermann Hoppe: La forma de estado tradicional, pre-moderna, es la de una monarquía (absoluta). El movimiento democrático fue dirigido contra los reyes y las clases hereditarias de la nobleza. La monarquía fue criticada por ser incompatible con el principio básico de “igualdad ante la ley”. Se basaba en privilegios y era injusta y explotadora. Se creyó que la democracia sería la solución a esta situación. Al permitir la participación y la libre entrada al gobierno estatal a todas las personas en igualdad de condiciones, proclamaban los defensores de la democracia, la igualdad ante la ley sería realidad y reinaría la verdadera libertad. Pero todo esto es una gran equivocación.

Es cierto que bajo la democracia cualquiera puede ser rey, por así decirlo, y no sólo un círculo privilegiado de personas. Así, en una democracia, teóricamente no existen privilegios personales.Sin embargo si existen privilegios funcionales y funciones privilegiadas. Los funcionarios públicos, si actúan en carácter oficial, son gobernados y protegidos por el derecho público “y por tanto ocupan una posición privilegiada vis-à-vis las personas que actúan bajo la mera autoridad del “derecho privado”. En particular, los funcionarios públicos están autorizados para financiar o subvencionar sus propias actividades por medio de impuestos. Es decir, están autorizados a practicar, y vivir a costa de lo que, en el ámbito privado, entre sujetos de derecho privado, está prohibido y se considera “robo” y “expoliación”. Así que el privilegio y la discriminación legal – y la distinción entre gobernantes y súbditos – no desaparecen en la democracia.

Peor aún: bajo la monarquía, la distinción entre gobernantes y gobernados es clara. Sé, por ejemplo, que nunca llegaré a ser rey, y debido a eso tenderé a resistir los intentos del rey de aumentar los impuestos. Bajo la democracia, la distinción entre gobernantes y gobernados se vuelve borrosa. Puede surgir la ilusión que “nos gobernamos a nosotros mismos”, haciendo que la resistencia contra el aumento de los impuestos sea disminuida en consecuencia. Yo podría terminar en el extremo receptor: como receptor de impuestos en lugar de alguien que pagaimpuestos, y en ese caso vería la tributación desde un punto de vista más favorable.

Y además: siendo un monopolista hereditario, el rey considera el territorio y las personas bajo su dominio como su propiedad personal. Consecuentemente irá a explotar monopolísticamente esa “propiedad”. Bajo la democracia, el monopolio y la explotación monopolística no desaparecen. Más bien, lo que pasa es esto: en vez de un rey y una nobleza, que consideran al país como su propiedad privada, se coloca un custodio, temporal e intercambiable, al mando monopólico del país. El custodio no es propietario del país, pero mientras esté en el poder podrá utilizarlo legalmente para beneficio suyo y de sus protegidos. Es dueño del uso corriente – delusufructo – pero no es dueño de la riqueza, del capital, del país. Esto no elimina la explotación. Por el contrario, hace que la explotación sea menos sopesada, menos medida y llevada a cabo con poca o ninguna consideración para con el capital del país. La explotación se vuelve más intensa y se promueve sistemáticamente el consumo del capital.

Daily Bell: Si la democracia ha fracasado qué pondría usted en su lugar? ¿Cuál es la sociedad ideal? El anarco-capitalismo?

El Dr. Hans-Hermann Hoppe: Yo prefiero el término “sociedad de derecho privado”. En una sociedad de derecho privado, toda persona e institución está sujeta al mismo conjunto de leyes. No existen leyes públicas que concedan privilegios a personas o a funciones específicas en este tipo de sociedad. Sólo existen el derecho y la propiedad privados, aplicables por igual a todas y cada una de las personas. Nadie podría adquirir propiedades por medios que no fuesen la producción, el intercambio voluntario, o la apropiación original de recursos sin dueño legítimo previo (baldíos), y además, nadie poseería el privilegio de cobrar impuestos ni de expropiar. Por otra parte, nadie podría prohibir a otra persona el utilizar su propiedad a fin de ingresar en cualquier sector de la economía que ella desease y competir en el mercado contra quien quisiese.

Daily Bell: ¿Cómo se ofrecerían los servicios de justicia y orden en esta sociedad? ¿Cómo funcionaría su sistema ideal de justicia?

El Dr. Hans-Hermann Hoppe: En una sociedad de derecho privado, la producción de ley y orden – protección – se llevaría a cabo por individuos y organismos que, financiados libremente, compitan entre sí por una clientela dispuesta a pagar (o a no-pagar) exactamente como ocurre con la producción de otros bienes y servicios. El funcionamiento de este sistema puede entenderse mejor al contrastarlo con el funcionamiento de nuestro actual, y muy conocido, sistema estatista. Si uno quisiera resumir en una palabra la diferencia decisiva – y la ventaja – de una industria de protección competitiva en comparación con la práctica estatista actual, la palabra sería: contrato.

El estado opera en un vacío legal. No existe ningún contrato entre el estado y sus ciudadanos. No se fija por contrato, qué bien es propiedad de quién, ni qué bien, en consecuencia, debe ser protegido. No se ha fijado que servicios debe proporcionar el estado, ni que va a suceder si el estado falla en sus deberes, ni cuál será el precio que el “consumidor” de tales “servicios” tendría que pagar. Por el contrario, el estado fija unilateralmente las reglas del juego y las puede cambiar, mediante legislación, en el transcurso del juego. Obviamente, este comportamiento es inconcebible para proveedores de servicios de protección financiados libremente. Imagínese un proveedor de protección, sea la policía, la compañía de seguros o un árbitro, cuya oferta consistiese en algo más o menos así: yo no voy a garantizar nada contractualmente. No voy a decirle lo que estoy obligado a hacer si, según su opinión, no cumplo a usted con mi servicio – pero en todo caso, me reservo el derecho de determinar unilateralmente el precio que usted tiene que pagar por tan indefinido servicio. Cualquier proveedor de servicios de protección de este tipo, desaparecería inmediatamente del mercado debido a la falta absoluta de clientela.

En vez de actuar así, cada productor privado de protección, libremente financiado, tendría que ofrecer a sus clientes potenciales un contrato. Y estos contratos, a fin de ser considerados aceptables para consumidores que están pagando voluntariamente por ellos, deben contener cláusulas y descripciones totalmente claras de la propiedad, así como también, claramente definidos los servicios y las obligaciones mutuas. Cada una de las partes de un contrato, a lo largo de su duración o hasta el cumplimiento del contrato, estarían vinculadas a él de acuerdo a sus términos y condiciones, y cualquier cambio en dichos términos o condiciones requeriría el consentimiento unánime de todas las partes interesadas.

En concreto, para ser tenidos como aceptables por sus potenciales compradores, estos contratos tendrían que contener cláusulas especificando lo que se haría en caso de un conflicto o controversia entre el protector o agencia aseguradora y sus asegurados, así como también en el caso de conflicto entre diferentes protectores o agencias aseguradoras y sus respectivos clientes. Y en este sentido sólo existe una solución mutuamente aceptable: en estos casos las partes en conflicto se comprometen contractualmente a someterse a un tribunal de arbitramento dirigido por un tercero que sea independiente y que goce de la confianza mutua de ambas partes. Y en cuanto a esta tercera persona: ella, también, debe estar libremente financiada y en posición de competir con otros árbitros u organismos de arbitraje. Sus clientes, es decir, las compañías de seguros y el asegurado, esperan de ella, que llegue a un veredicto que sea reconocido como justo y equitativo para todas las partes. Únicamente aquellos árbitros capaces de formar tales juicios tendrán éxito en el mercado del arbitraje. Árbitros incapaces de esto y percibidos como sesgados o parciales desaparecerán del mercado.

Daily Bell: ¿Está negando, pues, que necesitamos el estado para defendernos?

El Dr. Hans-Hermann Hoppe: En efecto, así es. El estado no nos defiende, al contrario, el estado nos agrede, confisca nuestras propiedades y las utiliza para defenderse a sí mismo. La definición típica de estado es la siguiente: el estado es una agencia caracterizada por dos funciones exclusivas y lógicamente conectadas. En primer lugar, el estado es una agencia que ejerce el monopolio territorial de la toma las decisiones de última instancia. Es decir, el estado es el árbitro y juez de última instancia en cada caso de conflicto, incluidos los conflictos que afectan al estado mismo y a sus agentes. No hay apelación posible por encima, ni por fuera, del estado. En segundo lugar, el estado es una agencia que ejerce un monopolio territorial de tributación. Es decir, es una agencia que puede fijar unilateralmente el precio que sus súbditos tienen que pagar por el servicio del estado como juez de última instancia. Sobre la base de este marco institucional se pueden predecir con seguridad las consecuencias. En primer lugar, en lugar de prevenir y resolver conflictos, un monopolio que toma decisiones de última instancia causa y provoca conflicto con el fin de que se resuelva en su propio beneficio. Es decir, el estado no reconoce ni protege la legislación vigente, más bien distorsiona y pervierte la ley por medio de legislación. Contradicción número uno: el estado es un protector de la ley que incumple la ley. En segundo lugar, en lugar de defender y proteger a alguien o algo, un monopolio de tributación siempre se esforzará por llevar sus gastos al máximo en materia de protección y, al mismo tiempo por reducir al mínimo la producción efectiva de protección. Cuanto más dinero pueda gastar el estado y menos tenga que trabajar por ese dinero, mejor será su situación. Contradicción número dos: el estado es un expropiador protector de la propiedad.

Daily Bell: ¿Hay algunas leyes y regulaciones buenas?

El Dr. Hans-Hermann Hoppe: Sí. Hay, unas pocas leyes, simples y buenas, que casi todo el mundo reconoce y acepta intuitivamente y que además se puede demostrar que son leyes “verdaderas” y “buenas”:* Primera: Si no hubiera conflictos interpersonales y todos viviéramos en perfecta armonía no habría necesidad de ley o norma alguna. El propósito de las leyes o normas es ayudar a evitar conflictos que de otro modo serían inevitables. Sólo las leyes que alcanzan ese objetivo pueden ser llamadas leyes buenas. Una ley que genera conflictos en lugar de ayudar a evitarlos es contraria a la finalidad de las leyes, es decir, es una ley mala, disfuncional o perversa.

Segunda: Los conflictos son posibles sólo en la medida que los bienes sean escasos. Las personas tienen enfrentamientos debido a que quieren utilizar el mismo bien de maneras diferentes e incompatibles. O bien yo gano y hago lo que quiero o usted gana y hace lo que quiere. Ambos no podemos ser “ganadores”. En el caso de bienes escasos, entonces, necesitamos reglas o leyes que nos ayuden a decidir entre argumentos antagónicos y conflictivos. Por el contrario, bienes que son “gratis”, es decir, bienes que existen en superabundancia, que se vuelven inagotables o infinitamente reproducibles, no son, y no pueden ser, una fuente de conflicto. Cada vez que uso un bien no-escaso no se reduce para usted, ni en lo más mínimo, la disponibilidad de este bien. Puedo hacer con él lo que quiero y usted puede hacer con él lo que quiera, al mismo tiempo. No hay perdedores. Ambos somos ganadores, y por lo tanto, en la medida en que los bienes en cuestión no sean escasos, nunca habrá necesidad de leyes.

Tercera: Entonces todos los conflictos relacionados con bienes escasos sólo se pueden evitar si cada bien es de propiedad privada, es decir, exclusivamente bajo el control de un individuo (o grupo de individuos) específico, y no por varios individuos no especificados, y siempre está en claro cuál cosa es la propiedad, y a quién pertenece, y cuál no es. Y para evitar todos los posibles conflictos desde el principio de la humanidad, por así decirlo, solamente es necesario tener una norma que determine que la primera, la apropiación original de un recurso escaso, dado por la naturaleza, sin previo dueño, la convierte en propiedad privada. En suma, entonces, son esencialmente tres las “buenas leyes” que garantizan una interacción libre de conflicto o “de paz eterna:” a) el primero que se apropia de algo previamente sin dueño se convierte en su propietario exclusivo (en condición de primer propietario no podría haber entrado en conflicto con nadie porque las otras personas sólo aparecerán en escena más tarde), b) aquel que produce algo, utilizando tanto su cuerpo como los bienes apropiados originalmente, se convierte en dueño único y legítimo del producto de su trabajo, siempre que en ese proceso no dañe la integridad física de la propiedad de terceros, y c) que quien adquiera algo de un propietario anterior, o anteriores, por medio de intercambio voluntario, es decir, un intercambio considerado de beneficio mutuo, se convierte en el nuevo propietario de ese bien.

Daily Bell: ¿Cómo, entonces, puede uno definir la libertad? Como la ausencia de coerción estatal?

El Dr. Hans-Hermann Hoppe: Una sociedad es libre, cuando cada persona es reconocida como dueña exclusiva de su propio (escaso) cuerpo físico; cuando los individuos son dueños exclusivos del fruto de su propio trabajo; cuando las personas son libres de convertirse en propietarios de recursos, previamente sin dueños definidos, convirtiéndolos en su propiedad privada; cuando las personas son libres de utilizar su cuerpo y sus bienes apropiados originalmente para producir lo que quieran producir (sin que en el proceso dañen la integridad física de la propiedad de terceros); y cuando cada uno es libre de hacer contratos mutuamente benéficos con otros individuos, incluyendo en ello sus respectivas propiedades. * Cualquier interferencia con estos contratos constituye un acto de agresión, y el grado de libertad de una sociedad puede medirse por la intensidad con que practica tales agresiones.

Daily Bell: ¿Cuál es su posición sobre los derechos de autor? ¿Cree usted que la propiedad intelectual no existe, como Kinsella ha propuesto?

El Dr. Hans-Hermann Hoppe: Estoy de acuerdo con mi amigo Kinsella, la idea de los derechos de propiedad intelectual no sólo es equivocada y confusa sino, además, peligrosa. Y ya he comentado porqué es así. Las ideas – recetas, fórmulas, declaraciones, argumentos, algoritmos, teoremas, melodías, patrones, modelos, ritmos, imágenes, etc. – son sin duda bienes (en la medida en que son buenas y útiles, no que sean malas, las recetas, etc.), pero no son bienesescasos. Una vez pensadas y expresadas, son bienes libres, inagotables. Silbo una melodía o escribo un poema, usted oye la melodía o lee el poema y lo reproduce o lo copia. Al hacerlo, usted no me ha quitado nada. Puedo silbar y escribir como antes. De hecho, todo el mundo me puede copiar y aún así, nada han tomado de mí. (Si yo quisiera que nadie copie mis ideas sólo tendría que guardarlas para mí mismo y no expresarlas nunca. )

Ahora imagine que he obtenido un derecho de propiedad sobre mi melodía o sobre mi poesía, de tal manera que puedo prohibir a usted que la copie, o exigir, de usted mismo, una regalía si la copia. En primer lugar: ¿No implica esto, que yo, absurdamente, a mi vez, tenga que pagar regalías a la persona (o a sus herederos) que inventaron el “silbar” y la escritura, y más adelante a aquellos que compusieron el lenguaje y la reproducción de sonidos, y así sucesivamente?.Segundo: Al impedir que usted silbe mi melodía o recite mi poema o al obligarlo a pagar, en caso de que lo haga, me he transformado en realidad en propietario (parcial) de usted: propietario parcial de su cuerpo, de sus cuerdas vocales, de su papel, de su lápiz, etc., porque usted no utilizó nada, excepto sus propios recursos, cuando me copió. Si usted ya no puede copiarme, entonces esto significa que yo, el dueño de la propiedad intelectual, he expropiado a usted y a su propiedad “real”. Lo que demuestra que los derechos de propiedad intelectual y los derechos de propiedad real son incompatibles, y la promoción de la propiedad intelectual debe ser vista como uno de los más peligrosos ataques a la idea de la propiedad “real” (de bienes escasos).

Daily Bell: Hemos sugerido que si alguien quiere hacer valer derechos de autor hereditarios que lo haga entonces por su propia cuenta, asumiendo los gastos, e intentando a través de diversos medios hacer frente a los violadores de los derechos de autor con sus propios recursos. Esto sitúa la carga de la coerción, y de la vigilancia, en el bolsillo del individuo. ¿Es ésta una solución viable – permitir que el mercado mismo decida estas cuestiones?

El Dr. Hans-Hermann Hoppe: Eso sería un gran avance en la dirección correcta. Mejor aún: más y más tribunales en más y más países, especialmente en países fuera de la órbita del cártel de los gobiernos occidentales, dominados por los EE UU, harían claro que ya no oyen casos de violación de derechos de autor, ni de patentes, y se refieren a tales quejas como a un truco de las grandes empresas occidentales – vinculadas a sus respectivos gobiernos, tales como las empresas farmacéuticas – para enriquecerse a costa de otras personas.

Daily Bell: ¿Qué piensa usted de Poder es Derecho de Ragnar Redbeard?

El Dr. Hans-Hermann Hoppe: Uno puede dar dos interpretaciones muy diferentes a esta declaración. No veo ninguna dificultad con la primera. Es así: Yo sé la diferencia entre “poder” y “derecho” y, por tratarse de un hecho empírico, el poder es, de hecho, con frecuencia el derecho.La mayoría, si no todo el “derecho público”, por ejemplo, es poder disfrazado de derecho. La segunda interpretación es la siguiente: No sé la diferencia entre “poder” y “derecho”, porque nohay diferencia. Poder es derecho y derecho es poder. Esta interpretación se contradice a sí misma. Porque si quisiera defender este argumento como una declaración verdadera en una discusión con otra persona, de hecho, usted estaría reconociendo el derecho de su oponente a la propiedad de su propio cuerpo. Usted no usa la violencia contra él para traerlo al enfoque correcto. Usted permite que él llegue a la verdad por sí mismo. Es decir, admite, al menos implícitamente, que usted conoce la diferencia entre el bien y el mal. De lo contrario no habría ningún propósito en discutir. Lo mismo, incidentalmente es cierto, con la famosa frase de Hobbes de que el hombre es lobo para el hombre. Cuando usted acepta que esta declaración es verdadera, en realidad está probando que es falsa.

Daily Bell: Se ha sugerido que la única manera de reorganizar la sociedad es a través de un retorno a los clanes y tribus que caracterizaron las comunidades del homo-sapiens por decenas de miles de años? ¿Es posible que como parte de esta des-evolución, se pueda volver a enfatizar el clan o la justicia tribal?

El Dr. Hans-Hermann Hoppe: No creo que nosotros, en el mundo occidental, pueda volver a los clanes y a las tribus. El estado moderno y democrático ha destruido los clanes y las tribus y sus estructuras jerárquicas, porque estaba en el camino del empuje estatista por el poder absoluto. Con los clanes y las tribus ausentes, tenemos que tratar con el modelo de sociedad de derecho privado que he descrito. Pero allí donde todavía existen las estructuras jerárquicas del clan y de la tribu tradicionales, deberían ser apoyadas y los intentos de “modernizar” los “arcaicos” sistemas de justicia al estilo occidental deberían ser vistos con la mayor suspicacia posible.
Daily Bell: También ha escrito mucho sobre dinero, moneda y asuntos monetarios. El Patrón Oro es necesario para una sociedad libre?

El Dr. Hans-Hermann Hoppe: en una sociedad libre, el mercado produciría dinero, como todos los demás bienes y servicios. En un mundo perfectamente cierto y previsible no existiría esa cosa que llamamos dinero. Pero como vivimos en un mundo de contingencias impredecibles las gentes llegan a apreciar también los bienes de acuerdo a su facilidad de comercialización o vendibilidad, o sea, como medio de trueque. Dado que un bien que sea más fácil y ampliamente vendible es preferible como medio de intercambio o de trueque a un bien que sea menos fácil y ampliamente vendible, hay una tendencia inevitable en el mercado para que surja finalmente un único material o producto, que se distinga de todos los otros, justamente por ser el más fácil y ampliamente vendible entre todos. Este material o producto es llamado dinero. Siendo el más vendible de todos los bienes, proporciona a su dueño y portador la mejor protección humanamente posible contra la incertidumbre – puede ser utilizado para satisfacción instantánea de una amplia gama de posibles necesidades. La teoría económica no tiene nada que decir en cuanto a cuál producto o material irá a adquirir el status de dinero. Históricamente tal material ha sido el oro. Pero si la constitución física de nuestro mundo fuese diferente o llegara a ser diferente de lo que es ahora, algún otro producto o material se convertirían o podrían convertirse en dinero. El mercado decidirá. En todo caso, no hay necesidad que el gobierno venga a inmiscuirse en nada de esto. El mercado ha surtido y surtirá algún tipo dedinero-mercancía, y la producción de ese material, cualquiera que sea, está sujeta a las mismas fuerzas de la oferta y la demanda que determinan la producción de todos los demás bienes y servicios del mercado.

Daily Bell: ¿Y qué dice del paradigma de la banca libre? La banca fraccionaria privada debe ser tolerada o es un delito? ¿Quién va a llevar gente a la cárcel por la banca privada fraccionaria?

El Dr. Hans-Hermann Hoppe: Suponga que el oro es dinero. En una sociedad libre, usted tiene la libre competencia en las minas de oro, tiene la libre competencia en la acuñación de oro, y tiene bancos compitiendo libremente. Los bancos ofrecen diversos servicios financieros: custodia de dinero, servicios de compensación, y la intermediación entre ahorradores y prestatarios inversionistas. Cada banco emite su propio tipo de “notas” o “certificados” que documentan las diversas operaciones y las resultantes relaciones contractuales entre el banco y el cliente. Tales “notas” o billetes son negociables libremente. Hasta aquí todo va bien. La polémica entre los banqueros libres es sólo el estatus de la banca de depósito de reserva fraccionaria y de los billetes bancarios. Digamos que A deposita 10 onzas de oro en un banco y recibe un billete (un sustituto del dinero) redimible por su valor a la presentación por el portador. Sobre la base de un depósito, entonces, el banco otorga un préstamo a C, por 9 onzas de oro y emite un billete en este sentido, una vez más redimible por su valor al portador.

Debería ser permitido esto? Creo que no. Porque ahora hay dos personas, A y C, que son propietarias exclusivas de la misma y única suma de dinero. Una imposibilidad lógica. O dicho de otro modo, sólo hay 10 onzas de oro, pero a A se le da un título por 10 onzas y C guarda uno por 9 onzas. Es decir, hay más títulos de propiedad que propiedad. Obviamente, esto constituye un fraude, y en todas las áreas, excepto en asuntos monetarios, los tribunales han considerado la práctica como fraude también y han castigado a quienes los cometen. Por otro lado, no habría problema alguno si el banco dijese a A que iría a pagarle intereses sobre sus depósitos, invirtiéndolos, por ejemplo, en un fondo mutuo del mercado monetario constituido por papeles financieros de alta liquidez y a corto plazo, y prometiendo hacer todos los esfuerzos posibles para restituir a A, una cantidad fija de dinero, al momento que éste exigiese de vuelta su inversión. Tales fondos de inversión bien podrían tornarse muy populares y mucha gente querría depositar su dinero en ellos en lugar de hacerlo en cuentas de depósito normales. Pero las acciones en fondos de inversión nunca podrán funcionar como dinero o medio de trueque. En esas condiciones tales acciones jamás podrían ser la mercancía, el material o producto, más fácil y ampliamente vendible de todos.

Daily Bell: ¿Cuál es su posición con respecto al paradigma actual de la banca central? ¿Es la banca central, como está constituida actualmente, el desastre principal de nuestro tiempo?

El Dr. Hans-Hermann Hoppe: La banca central es sin duda uno de los grandes causantes del desbarajuste de nuestra época. Los Bancos Centrales, y, en particular, el Banco de la Reserva Federal, la FED, fueron los responsables de la destrucción del patrón oro, el cual siempre fue obstáculo para las políticas inflacionarias, y de su sustitución, desde 1971, por un patrón monetario exclusivo de papel moneda (dinero fiduciario) y de curso legal forzoso. Desde entonces, los bancos centrales tienen la capacidad de crear dinero virtualmente de la nada. Una mayor cantidad de papel moneda no hace a una sociedad más rica, y es obvio, – se trata sólo de una mayor cantidad de papel impreso. De lo contrario, ¿porqué existen aún países pobres y gentes pobres en el mundo? Porque la creación de más dinero tiene una función primordial: enriquecer a su productor monopolístico (el banco central) y a todos los receptores iniciales de ese dinero (el gobierno y los grandes bancos y sus clientes principales, vinculados al gobierno) todo a costa del empobrecimiento de quienes reciben el nuevo dinero en el último momento, cuando todos los precios ya han aumentado.

Gracias al poder ilimitado de imprimir dinero del cual goza un banco emisor, los gobiernos pueden incurrir en déficit presupuestarios cada vez más altos y a acumular endeudamientos cada vez mayores para financiar guerras, frías o no, en el extranjero o en casa, y la participación en un flujo infinito de actividades inútiles, que de otro modo, sería imposible financiar. Gracias al banco central, varios “expertos monetarios” y “líderes de la macro-economía” pueden, al agregarlos a la nómina, convertirse en propagandistas del gobierno, con la función de “explicar”, como alquimistas, cómo la piedra (papel-moneda), puede ser transformada en pan (riqueza). Gracias al banco central, las tasas de interés pueden ser artificialmente reducidas a cero, canalizando crédito para proyectos y mano de obra insolventes al mismo tiempo que escasean el crédito genuino para proyectos y personas solventes, y realmente dignas de crédito, provocando inversiones cada vez mayores en burbujas insostenibles, las cuales, al estallar, generan colapsos cada vez más espectaculares. Y gracias al banco central, enfrentamos la dramáticamente creciente amenaza de una inminente hiperinflación cuando los pollos llegan por fin a casa a pernoctar y al flautista debemos pagar.

Daily Bell: Hemos señalado a menudo que las siete colinas de Roma fueron inicialmente sociedades independientes al igual que la ciudades-estado italianas durante el Renacimiento y las 13 colonias de la República de los EE. UU. Parece que los grandes imperios comienzan como comunidades individuales donde la gente puede abandonar una comunidad si son oprimidos y emigran a una comunidad cercana a comenzar de nuevo. ¿Cuál es la fuerza motriz detrás de este proceso de centralización? ¿Cuáles son los bloques de construcción del Imperio?

El Dr. Hans-Hermann Hoppe: Todos los estados tienen que comenzar en pequeño. Eso facilita que la gente huya, que escape. Sin embargo, los estados son por naturaleza agresivos, como ya he explicado. Pueden externalizar el costo de la agresión en los demás, es decir, en los desventurados contribuyentes. No les gusta ver huir a la gente productiva y tratan de capturarlos expandiendo su territorio. Mientras más gente productiva controle, mejor estará el estado. Este deseo de expansión, encuentra oposición en otros estados. Sólo puede haber un monopolio supremo de justicia y tributación en un territorio dado. Es decir, la competencia entre los diferentes estados es eliminatoria. O bien A gana y controla el territorio, o bien B. ¿Quién gana? Al menos en el largo plazo, el estado que irá a ganar – y a apoderarse del territorio de otro, o a establecer su hegemonía sobre él y obligarlo a rendir tributo – será aquel que pueda parasitar de la economía comparativamente más productiva. Es decir, todo lo demás constante, los estados cuyas economías son más liberales tenderán a conquistar los estados menos liberales (en el sentido clásico europeo de “liberal”), o sea, los estados más opresivos y más regulados económicamente.

Fijándonos sólo en la historia moderna, podemos de esa forma explicar primero la ascensión de la liberal Gran Bretaña a la categoría del Imperio más importante del mundo y, después, subsecuentemente, la de la liberal Unión Americana (los EE. UU.). Y podemos comprender una aparente paradoja: ¿por qué aquellos potencias imperiales internamente liberales como los EE. UU. tienden a ser más agresivos y beligerantes en su política exterior que aquellas potencias internamente opresivas, como la antigua Unión Soviética. El liberal imperio de los EE. UU. era el seguro ganador en sus guerras y las aventuras militares en el extranjero, mientras que la opresiva Unión Soviética temía que pudiera perder.

Pero la construcción del Imperio también lleva consigo las semillas de su propia destrucción. Cuanto más cerca llega el estado a su meta suprema – la dominación del mundo y la institución de un gobierno único mundial, menos motivos tienen para mantener su liberalismo interno y más razones tienen para hacer justamente aquello que todos los estados están propensos a hacer de todos modos, es decir, a adoptar una línea dura y aumentar su explotación sobre la gente productiva que aún queda. En consecuencia, sin tributarios adicionales disponibles y la productividad doméstica estancada o cayendo, las políticas internas imperiales de pan y circo ya no pueden mantenerse. La crisis económica golpea, y el colapso económico inminente comienza a estimular tendencias a la descentralización, a los movimientos separatistas y secesionistas, y finalmente conduce a la desintegración del Imperio. Ya vimos esto acontecer con Gran Bretaña, y estamos viendo ahora el mismo suceso con el Imperio de los EE. UU., aparentemente en su última etapa.

Hay también un aspecto importante en el lado monetario de este proceso. El Imperio dominante típicamente proporciona la moneda de reserva internacional, primero la Gran Bretaña con la Libra Esterlina y ahora los EE. UU. con el Dólar. Con el dólar usado como moneda de reserva por los bancos centrales extranjeros, los EE. UU. pueden incurrir en un “déficit sin lágrimas” permanente. Es decir, los EE. UU. no tienen que pagar por sus constantes excesos de importaciones en relación con las exportaciones, como sería normal entre socios “iguales”, teniendo que exportar una cuantía creciente de bienes al exterior (las exportaciones pagan por las importaciones). Más bien: Los gobiernos extranjeros y sus bancos centrales en lugar de utilizar sus ingresos por exportaciones para comprar productos estadounidenses de consumo interno, usan sus reservas en dólares de papel para comprar bonos del gobierno de EE. UU. como ayuda a los estadounidenses para que sigan consumiendo más allá del alcance de sus medios. Un típico signo de vasallaje ante el Imperio dominante.

No sé lo suficiente sobre China para entender por qué están utilizando sus enormes reservas en dólares para comprar bonos del gobierno de los EE. UU. Después de todo, se supone que China no forma parte del Imperio Americano. Tal vez sus gobernantes han leído demasiados libros de texto de economía americanos y ahora creen en la alquimia, también. Pero si solamente la China se deshiciera de sus bonos del Tesoro de los EE. UU. y en cambio acumulara reservas de oro, ese sería el fin del imperio de los EE. UU. y del dólar como hoy los conocemos.

Daily Bell: ¿Es posible que una sombra de familias imposiblemente ricas localizadas en la ciudad de Londres sea parcialmente responsable de todo esto? ¿ Buscan estas familias y sus facilitadores un gobierno mundial de élites? ¿Es una conspiración? ¿Ve usted el mundo en estos términos: como una lucha entre los impulsos de centralización de las élites y los impulsos más democráticos del resto de la sociedad?

El Dr. Hans-Hermann Hoppe: No estoy seguro de si la conspiración sigue siendo la palabra adecuada, porque mientras tanto, gracias a gente como Carroll Quigley, por ejemplo, se sabe mucho acerca de lo que está pasando. En cualquier caso, no cabe duda de que hay familias tan increíblemente ricas, asentadas en Londres, Nueva York, Tel Aviv y en otros lugares, que ya han percibido el inmenso potencial para el enriquecimiento personal en el proceso de construcción del Estado- y del Imperio. Los presidentes de las grandes casas bancarias jugaron un papel clave en la fundación de la FED, porque percibieron que la banca central permitía a sus propios bancos inflar y expandir el crédito adicionalmente al dinero y crédito creados por el banco central, y que un prestamista “de última instancia” jugaba un papel decisivo al permitirles cosechar ganancias privadas, siempre y cuando las cosas marcharan bien y a socializar los costos cuando las cosas comenzasen a marchar mal.

Percibieron que el patrón oro clásico se presentaba como un obstáculo natural a la inflación y a la expansión del crédito, así que primero ayudaron a establecer un patrón oro falso (el estándar de intercambio del oro) y, a continuación, después de 1971, un régimen de papel moneda puro. Comprendieron que un sistema de libre fluctuación del papel-moneda nacional era todavía imperfecto, en cuanto a sus deseos inflacionistas se refiere, porque la supremacía del dólar podría verse amenazada por otras monedas en competencia, tales como un marco alemán fuerte, por ejemplo; y con el fin de para reducir y debilitar esta competencia apoyaron los esquemas de “integración monetaria” tales como la creación de un Banco Central Europeo (BCE) y del Euro.

Y percibieron que el sueño supremo, un poder ilimitado de falsificación y creación de dinero, se haría realidad, con sólo tener éxito en la creación de un banco central mundial, dominado por los EE. UU., que emitiera un papel-moneda mundial, como el Bancor (nombre propuesto por Keynes) o el Fénix; y así, ayudaron a establecer y a financiar una multitud de organizaciones tales como el Consejo de Relaciones Exteriores, la Comisión Trilateral, el Grupo Bilderberg, etc., para promover este objetivo. Además, los líderes industriales reconocieron las tremendas oportunidades de beneficio creadas por los monopolios concedidos por el estado, por los subsidios del gobierno, y por los contratos exclusivos de margen fijo, liberándolos o protegiéndolos de la competencia, y por lo tanto, ellos también se aliaron, e “infiltraron”, al estado.

No hay “accidentes” en la historia, y si hay acciones cuidadosamente planificadas que dan lugar a consecuencias inesperadas, imprevistas, y no premeditadas. Pero la historia no es sólo una secuencia de accidentes y sorpresas. La mayor parte de ella ha sido concebida y diseñada intencionalmente. No por la gente común, por supuesto, sino por las élites del poder en el control del aparato estatal. Si quisiéremos evitar que la historia siga su actual y previsible curso rumbo a un desastre económico sin precedentes, entonces, es realmente imperativo provocar la indignación pública exponiendo, sin descanso, los perversos motivos y maquinaciones de las élites del poder, no sólo de quienes trabajan en el aparato estatal, sino, especialmente, de los que estando por fuera, detrás de las escenas, tiran de las cuerdas.

Daily Bell: Ha sido nuestra tesis que, al igual que la imprenta de Gutenberg hizo estallar las estructuras sociales existentes en su época, así también lo está haciendo la Internet hoy en día. Creemos que la Internet puede marcar el comienzo de un nuevo Renacimiento después de la Edad Oscura del siglo 20. ¿De acuerdo? No está de acuerdo?

El Dr. Hans-Hermann Hoppe: Es cierto que ambos inventos revolucionaron la sociedad y mejoraron enormemente nuestras vidas. Es difícil imaginar cómo sería regresar a la era pre-Internet, o la era pre-Gutenberg. Soy escéptico, sin embargo, en cuanto a la capacidad de las revoluciones tecnológicas, en sí y por sí mismas, de traer progreso moral y avance hacia una mayor libertad. Estoy más inclinado a pensar que la tecnología y los avances tecnológicos son “neutrales” en este sentido. La Internet puede ser utilizada para desenterrar y difundir la verdad tanto como para difundir mentiras y confusión. Se nos han dado posibilidades sin precedentes de eludir y socavar a nuestro enemigo el estado, pero también se han dado al estado posibilidades sin precedentes de espiarnos y arruinarnos. Somos más ricos hoy en día, con la Internet, de lo que éramos sin ella, digamos, en 1900, (y somos más ricos, no por el estado, sino a pesar de él). Pero tendría que negar enfáticamente que hoy somos más libres de lo que éramos en 19
00. Todo lo contrario.

Daily Bell: ¿Algunas consideraciones finales? ¿Puede decirnos en que está trabajando ahora? Qué libros o sitios web le gustaría recomendar?

El Dr. Hans-Hermann Hoppe: Una vez me desvié de mi principio de no hablar acerca de mi trabajo hasta haberlo concluido. Me he arrepentido de esta desviación. Fue un error que no voy a repetir. En cuanto a los libros, recomiendo, sobre todo, la lectura de las obras principales de mis dos maestros, Ludwig von Mises y Murray Rothbard, no sólo una vez, sino repetidamente de vez en cuando. La obra de ambos sigue siendo incomparable y permanecerá insuperable por mucho tiempo. En cuanto a los sitios web, visito regularmente a mises.org y lewrockwell.com En cuanto a otros sitios: me han llamado un extremista, un reaccionario, un revisionista, un elitista, un supremacista, un racista, un homofóbico, un antisemita, un derechista, un teócrata, un ateo cínico, un fascista y, por supuesto, un mote obligado para todos los alemanes, un nazi. Por lo tanto, es de esperar que tenga una debilidad por sitios políticamente “incorrectos” que todo hombre “moderno”, “decente”, “civilizado”, “tolerante” y “iluminado” se supone que debe ignorar y evitar.

Daily Bell: Gracias por concedernos su tiempo para responder nuestras preguntas. Ha sido un honor especial abordarlo con ellas en el contexto de su extraordinaria obra.

El Dr. Hans-Hermann Hoppe: Fue un placer.

Comentarios del Daily Bell:

¡Qué gran entrevista. Decimos esto sin modestia, porque con algunas excepciones (siendo las más notables la banca libre y la competencia por el dinero), el Dr. Hans-Hermann Hoppe, uno de los mejores pensadores y educadores libertarios en el mundo de hoy, en realidad pareció estar de acuerdo con algo de lo que se ha se ha propuesto en estas modestas páginas durante varios años. No tome nuestra palabra por ella. Vuelva a leer la entrevista si lo desea. Para tener a alguien del calibre mental del doctor Hoppe de apoyar y profundizar en las percepciones fundamentales, que hemos sostenido en algunas ocasiones, es increíblemente afirmativo, e incluso, (no nos importa admitirlo), intelectualmente satisfactorio.

En un tono menos frívolo, lo que viene a través de la entrevista es que el Dr. Hoppe es uno de los individuos particulares que, al haber vislumbrado la verdad no disponible para la mayoría de la gente, es incapaz, por temperamento, de temporizar sobre su validez. Uno ve esta característica reflejada en la obra y en las narrativas de Murray Rothbard y de Ludwig von Mises, por nombrar dos pensadores brillantes que vienen a la mente. La incapacidad de evitar conclusiones (o de no cohibirse de expresarlas) desarrollada a partir del sistema de creencias de uno mismo, es un signo revelador de coraje intelectual, e incluso, creemos, de grandeza.

De hecho, es raro tener el privilegio de llevar a cabo un diálogo con una inteligencia verdaderamente clara, alguien, de hecho, con un marco de referencia que resuena con coraje. Si usted lee la entrevista con detenimiento, puede ver (o escuchar) el enfoque disciplinado con que el doctor Hoppe se acerca a los temas sobre los que comenta. Cada posición se desarrolla de forma racional y cada conclusión se desenvuelve sin cesar de la evidencia esbozada.

No vamos a escribir mucho más porque al igual que una gran composición musical, esta entrevista, en nuestra opinión, se aprecia mejor por sí misma. Nuestro comentario, torpe probablemente, sólo resta de su musculatura y de su elegante austeridad. Por supuesto, usted puede no apreciar nuestros esfuerzos, querido lector, pero por favor, reconozca la cortés elegancia, la sabiduría y la valentía intelectual de uno de los pensadores profundos del mundo del mercado libre, el Dr. Hans-Hermann Hoppe.

Traducido del inglés por Rodrigo Diaz.

Publicado en: Mises Hispano

El Bien Común = Colectivismo. Butler Shaffer

Posted By: admin on in Cedice, Destacado, Formación, Ideas para la Libertad - Comments: No Comments »

En semanas recientes – mientras la administración actual y la mayoría del congreso continúan proponiendo la expansión del poder del estado sobre la vida de la gente – más charlatanería ha sido publicada, procurando justificar tales programas basándose en la supuesta promoción del “bien común”. Cualquier mente inquisitiva debería ver, de un solo vistazo, que la idea de un “bien común” es casi enteramente eso: una idea, una ficción. Aquellos quienes hayan completado un curso en microeconomía pueden dar fe de que nuestros gustos, valores y preferencias varían de una persona a otra y, aún más, fluctúan dentro de los individuos. Lo que usted y yo consideramos en nuestro respectivo interés va a coincidir algunas veces pero va a diferir en otras. Lo que es mi interés inmediato cuando estoy hambriento se hace mucho menos importante para mí después de haber ingerido una cena abundante. Si añades a toda esta variabilidad e incertidumbre el hecho de que la entera noción del “bien” es puramente subjetivo, puede verse que la insistente repetición de esta frase no tiene más respetabilidad intelectual que pisar nuestro propio pie.

Es alegado que el “bien común” intenta transmitir la idea de un bien universal, uno que es aplicable a todos. Si es así, el único valor que he encontrado al cual todas las personas parecen suscribirse, es este: nadie quiere ser una víctima. Todavía debo encontrar un individuo al cual esta proposición no se aplique. Nadie elige tener a sus intereses como persona o su propiedad violentados por otra persona. La falla en reconocer tanto lo anterior como el hecho de que todos nuestros valores son subjetivos en naturaleza, ha dado lugar a la ingenua noción del altruismo, la idea de que uno puede elegir actuar contrariamente a sus percibidos intereses.

Siempre que actuamos nos vemos motivados por la creencia de que nos encontraremos en una mejor situación al término de la acción escogida. Mantengo un antiguo reto con uno de mis colegas de mostrarme un ejemplo – real o hipotético – en el cual un individuo elija actuar de forma contraria a sus valores más altos. Incluso los actos de caridad están guiados por un deseo de satisfacer alguna necesidad interna, la cual, para otras personas con preferencias contrarias, parece un acto de auto-sacrificio. Tal forma de pensar se reduce a esto: “Yo no hubiera actuado de la forma en que él lo hizo, por lo tanto, él está siendo altruista”. La idea del altruismo está fundamentada en la creencia de que los valores tienen una calidad objetiva, un poco del sin-sentido perpetrado por Ayn Rand.

Las transacciones en un mercado libre ocurren porque la gente no tiene un sentido comúnmente compartido del valor de las cosas. Si yo acuerdo vender mi auto por $5000, y usted acuerda comprármelo por $5000, cada uno de nosotros le pone un valor diferente. Para mí el auto vale menos que $5000 (yo prefiero el dinero a tener el auto) mientras que para usted vale más que esa cantidad de dinero. El precio del auto es objetivamente definido ($5000) pero su valor nunca puede ser conocido para ninguno de nosotros. Una condición para la libertad – en la cual los intereses de propiedad sean respetados – es la aceptación de lo inherentemente diverso y en constante flujo, ya que los hombres y mujeres persiguen sus variados intereses propios.

En un esfuerzo por avasallar la motivación de la gente de perseguir sus intereses individuales, y de aceptar los propósitos de las instituciones mismas, al hombre se le ha adoctrinado en la idea de que hay un “bien común” que expresa un sentido más completo de sí mismo. Cuando hemos aprendido a suprimir nuestros valores individuales en favor de una institución, nos hemos convertido en parte de la mentalidad colectiva de la cual todos los sistemas políticos dependen. Con nuestro pensamiento tan transformado, somos fácilmente llevados a creer que lo que nos hace víctimas es en esencia nuestra autorrealización. De esta forma, los hombres y mujeres jóvenes son seducidos ha “ser todo lo que puedes ser” uniéndose al ejército y destruyendo sus vidas sirviendo al estado en aventuras extranjeras.

La doctrina del igualitarismo ha probado ser útil para el orden establecido como catalizador para esta metamorfosis psíquica. Los que en otros casos consideraríamos hombres y mujeres inteligentes internalizan la proposición de que ser víctimas de la supresión de los intereses personales en favor del llamado “bien común” es aceptable, mientras sus vecinos sean igualmente víctimas de la misma supresión. Hay un sentimiento pro-libertad en la observación de E.E. Cummings de que “la igualdad es lo que no existe entre iguales”. Los estatistas, sin embargo, tienen un muy diferente significado para esta palabra: que el ser coaccionado por el estado puede ser justificado si la obligación es compartida igualmente entre todos. Considerado así, ser víctima del estado es simplemente un costo que la gente debe cargar para lograr su pretendido interés personal “más grande” en el “bien común”.

Tal razonamiento es en general suficientemente bueno para atrapar a aquellos que no se molestan en reflexionar sobre la proposición. Cualquiera que examine el concepto de “igual protección de las leyes” rápidamente se dará cuenta que en la práctica ninguna ley se aplica con igual fuerza a todos. Las leyes son promulgadas con el propósito de imponer restricciones sobre algunas personas para el beneficio de otras.

La legislación que permite que todos persigan su propio interés nunca será promulgada porque no se diferenciaría un grupo de otro y, en el proceso, no proveería a sus defensores con alguna ventaja comparativa.

Pero incluso si al principio de la “igualdad” le fuera dado su supuesto significado (que el gobierno opere restrictivamente sobre todos por igual), lo absurdo de tal idea sería evidente: ¡la gente entendería que ha organizado al estado con el propósito de asegurar su mutua victimización! La naturaleza sin-sentido de tal pensamiento se convertiría, en las palabras de H. L. Mencken, “tal obvio que incluso el clero y los escritores editoriales a veces lo notarían”.

Ni siquiera puede el caso del “bien común” ser rescatado por una apelación a la doctrina utilitaria del “mayor bien, para el mayor número”. Mi profesor de jurisprudencia, Karl Llewellyn, respondió a esta proposición en una clase un día preguntando: “¿qué hay del mayor bien para el mayor hombre?” El utilitarismo es solo otra variación sobre el tema del colectivismo de que algunos pueden ser victimizados para beneficiar al grupo. “El mayor bien para el mayor número” es el mantra de todo caníbal y todo socialista (¿o estoy siendo redundante?).

La premisa utilitaria nunca ha sido la premisa operante en la política. Ha sido usada aún como otra desviación – como el “bien común”, “bienestar general”, etc. – para enmascarar la promoción de intereses especiales detrás de la fachada de intereses colectivos. Así tales ideas han sido usadas para el avance de tales intereses corporativos como defender a los contratistas, a los bancos, compañías de seguro, fabricantes de autos, compañías farmacéuticas, etc., en sus esfuerzos para obtener, a través del poder estatal, lo que ellos no pueden obtener en un mercado libre. Las corporaciones más grandes nunca han sido promotores de la sociedad libre, prefiriendo ponerse del lado de las fuerzas del poder estatal para estabilizar sus intereses contra las fuerzas del cambio que atienden a las condiciones de la libertad. Las letras de una canción del musical Li’l Abner – parafraseando al ex-presidente de General Motors Charles Wilson – expresa la moderna mentalidad corporativa: “lo q es bueno para para el General Bullmoose, es bueno para los Estados Unidos”.

Una estructura política colectivista, en cualquier forma que se manifieste, debilita y anula a los individuos, privando a cada uno de nosotros de nuestra unicidad biológica y experimental. Éste, por supuesto, es su propósito. Mientras los hombres y mujeres piensen de sí mismos como poco más que unidades fungibles en un grupo de pensamiento monolítico, ellos y sus hijos van a continuar siendo convertidos en una pasta común útil sólo para sus amos. El colectivismo es una religión para perdedores; es un sistema de creencias que permite al estado dirigir la riqueza y las energías de la gente en una redistribución coercitiva hacia aquellos a los que favorece.

Barack Obama no inventó este concepto vulgar y anti-vida que asiduamente trata de expandir. La proposición colectivista ha estado rondando por largo tiempo desde que George W. Bush reveló sus sentimientos en la frase: “si no estás con nosotros, estás contra nosotros”. Tampoco se oye a las unidades protoplásmicas (tú y yo) cuestionar los propósitos o los costos de nuestra subordinación a lo que es la premisa básica de todo sistema político. El estado se escuda de tales preguntas bajo la excusa de que la “seguridad nacional” sería amenazada. Los esfuerzos de Ron Paul y otros para “auditar la Reserva Federal” son recibidos con las más arrogantes de las súplicas para mantener la discreción gubernamental (el hecho de que revelar al público la naturaleza del timo llevado a cabo por la Fed pondría en peligro su “independencia”). Para los estatistas, tales cuestiones no pueden ser toleradas al igual que un dueño de una plantación no puede sentirse obligado a entretener las consultas de sus esclavos sobre el precio del algodón.

Uno de mis estudiantes recientemente me preguntó la más frecuente de las preguntas: “¿qué puedo hacer para cambiar todo esto?” Mi respuesta fue ésta: “¿estás tú capacitado para cambiar cualquier cosa que está más allá de tu control? ¿Está el contenido de tú pensamiento dentro de tu control? ¿Puedes darte cuenta de la naturaleza condicionada de tu mente?”.

Nuestros problemas no tienen sus orígenes en Washington, D. C., ni tampoco esas soluciones van a ser encontradas allí. Nosotros somos los autores de nuestros mundos distópicos, y son nuestras mentes las que debemos reparar si queremos salvarnos de las terribles y destructivas premisas que hemos plantado allí. Podemos empezar por reconocer que nuestra individualidad es todo lo que tenemos en común los unos con los otros, y que la supresión de esa igualdad en el nombre de algún presunto propósito colectivo es esencial para la creación de todo sistema político.

Traducido del inglés por Julián Fernando Marzaro. El articulo original se encuentra aquí.

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